Acá no hay ningún ganador

publicado en: Jim Rickards | 0

Nadie gana una guerra de divisas. Las mismas continúan hasta que todos se convierten en perdedores. Tanto la historia como el sentido común nos respaldan. Las guerras de divisas terminan en algún momento, pero nunca terminan bien.

Lo que yo llamo Guerra de divisas I (1921-1936) terminó con las guerras comerciales, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

La Guerra de divisas II (1967-1987) terminó con la creación del estándar “King Dollar” o “Dólar Rey”, pero sólo después del colapso del patrón oro, una hiperinflación extrema y tres recesiones en Estados Unidos desde 1974 hasta 1981.

Guerra de divisas III (2010-??) terminará con el colapso del sistema monetario internacional, un colapso que se acerca cada vez más.

La otra característica dominante de las guerras de divisas es que duran mucho tiempo. La Guerra de divisas I duró 15 años. La segunda duró 20 años. Y esta tercera se ha librado desde hace más de seis años y se mantiene fuerte, sin un final a la vista.

Por desgracia, los inversores hoy en día no tienen buena retentiva. Todos se emocionan por alguna acción el lunes, la venden el martes y el miércoles ya se olvidaron de ella. Lavar, enjuagar, repetir.

La capacidad de los inversores para entender y aplicar la dinámica del mercado a largo plazo parece ser una cosa del pasado. Es una pena porque esa dinámica hará que su cartera se construya o se catapulte en los meses y años venideros.

La razón por la que las guerras de divisas no terminan rápidamente o bien es que no tienen ninguna conclusión lógica. Un país devalúa su moneda y a continuación -en represalia-, sus socios comerciales devalúan las suyas. El primer país puede devaluar de nuevo, pero la respuesta es la misma, devaluaciones ojo por ojo, hasta que todo el mundo se va hasta el fondo.

Esta dinámica puede durar años.

Las devaluaciones dan un alivio a corto plazo al país que devalúa, pero no hacen nada para solucionar los problemas a largo plazo, estructurales y globales. Los problemas estructurales causan demasiada deuda y poco crecimiento. Las devaluaciones son una solución monetaria a un problema estructural. Las soluciones monetarias no pueden solucionar los problemas estructurales.

La manera de solucionar los problemas estructurales es con soluciones estructurales como políticas fiscales, inversión en infraestructura, reducción de impuestos, regulación reducida, educación y tecnología.

Pero estas soluciones estructurales requieren un liderazgo político y un consenso. En este momento, el liderazgo y el consenso son difíciles de obtener. Es mucho más fácil que los políticos lleguen a una solución rápida mediante la devaluación de sus monedas.

Sin embargo, la ganancia de un país se produce a expensas de otro, por lo general un socio comercial del país que devaluó. El mundo no sale mejor parado de eso. De hecho, sale peor parado de las guerras de divisas debido a los costos de transacción y la incertidumbre que crean.

En pocas palabras, el mundo tiene problemas estructurales. Los políticos no tienen la voluntad para hacer frente a los problemas, por lo que recurren a soluciones rápidas, como la devaluación de la moneda. El proceso continúa hasta que el sistema se derrumba. Luego, de las cenizas surge un nuevo sistema.

El problema para usted es que la mayor parte de su riqueza puede desaparecer durante ese colapso, como ocurrió anteriormente.

En Guerra de Divisas puede que no seamos capaces de curar los problemas políticos del mundo, pero sí entender la dinámica del mercado que puede ayudarlo a beneficiarse en medio del caos. Nosotros lo hacemos gracias a nuestro sistema IMPACT.

Hoy nos enfocamos en la fortaleza del dólar estadounidense.

Después de llegar a su punto más bajo en agosto de 2011, el dólar ha logrado un rally notable. Aumentó un 25% en una variedad de índices que hacen un seguimiento del dólar. (Hay muchos índices de dólar que son altamente usados. Algunos tienen ponderación por el comercio bilateral, otros tienen en consideración una canasta de monedas en términos nominales o reales. Sea cual sea, ha subido mucho sin importar su composición puntual).

El gráfico de Bloomberg que incluyo aquí muestra el ascenso que tuvo el dólar en términos del índice DXY, uno de los más seguidos y negociados en el mercado.

grafico jim rickards - 1

Un rally de 25% que se extiende por varios años en acciones o commodities no es inusual, pero son poco habituales en las monedas. Los pares cruzados de divisas son idealmente estables (para que los inversores extranjeros y socios comerciales puedan hacer planes y compromisos a largo plazo). Deberían cambiar lentamente con base en factores fundamentales que afectan la relación de intercambio, tales como la tecnología, la demografía y los descubrimientos de recursos naturales.

Además, a diferencia de las acciones, las monedas son un juego de suma cero. Cuando las acciones suben 25%, nadie tiene por qué ser el perdedor. Pero cuando una moneda sube 25%, significa que una cesta de otras monedas se redujo 25%. Eso es lo que llamamos el sube y baja de divisas. Si uno está arriba, el otro debe estar abajo. No puede ser de otra manera.

Estos cambios bruscos en los pares cruzados son el resultado directo de la nueva guerra de divisas.

La debilidad del dólar en 2011 fue diseñada para darle un impulso a la economía de EE.UU.. La teoría del banco central en ese momento era que la economía estadounidense era la más grande del mundo. Si se derrumbaba, el mundo entero se iba abajo también. Por lo tanto, era esencial ayudar a la economía luego de la crisis. Un dólar más débil fue la solución pensada por el G-20, bajo la presión de EE.UU..

Esto significó la fortaleza del yen y el euro, que ejercieron presión sobre Japón y Europa. Ambos sufrieron recesiones entre 2011 y 2015. A medida que estas tendencias se desarrollaban, el G-20 acordó que era hora de cambiar de rumbo. Para el 2013, la economía estadounidense se consideró lo suficientemente fuerte como para soportar un dólar más fuerte.

Japón consiguió el primer impulso con su política monetaria de yen débil llamada Abenomics, en 2013. Después Europa pasó por lo mismo a mediados de 2014, pero ejecutado con tasas de interés negativas a partir de junio de 2014 y un plan de flexibilización cuantitativa (QE) en enero de 2015).

Al mismo tiempo, el dólar se hizo más fuerte. Las esperanzas estaban puestas en que una robusta economía estadounidense podía soportar un dólar fuerte y la debilidad del yen y el euro ayudarían a Japón y Europa a volverse fuertes también.

Pero esta política fracasó. Europa y Japón lograron un impulso temporal, pero resultó que la economía de EE.UU. no era lo suficientemente estable como para soportar los costos de un dólar fuerte.

La economía de EE.UU. sólo había avanzado gracias al QE y la política de tasa de interés cero. No fue un camino de crecimiento auto-sostenido. Una vez que terminó el QE en octubre de 2014 y las tasas de interés se elevaron en diciembre de 2015, la debilidad en la economía era evidente.

El escenario está listo para la siguiente fase de la guerra de divisas. La economía del país del Norte es el que necesita ayuda ahora. Japón y Europa tendrán que colaborar. Ambos han tenido un par de años para aprovechar los beneficios de una moneda débil.

Prepárese para un dólar más débil en los próximos meses. Esta tendencia ya está ocurriendo, ahora que la Reserva Federal dio señales de que la cantidad de veces que planea aumentar la tasa de interés en 2016 la redujo a la mitad, de cuatro, a dos veces.

Otra cosa a tener en cuenta es el comentario de Mario Draghi, el director del Banco Central Europeo, el pasado 10 de marzo, cuando dijo que el Banco llegó a un punto muerto en cuanto a las tasas de interés negativas.

Un cambio en la política del Banco de Japón será el próximo movimiento esperado.

Un yen más fuerte tendrá el mismo impacto en Japón que lo que el dólar más fuerte ha hecho con las exportaciones de Estados Unidos, haciendo sufrir este sector, perjudicando el empleo japonés y las ganancias corporativas. Luego, esas ganancias corporativas japonesas se verán golpeadas nuevamente, una vez que las ganancias en el extranjero de esas firmas se conviertan al yen.

Este doble golpe de exportaciones más débiles y ganancias en el extranjero más débiles afectarán los precios de las acciones japonesas.

Le deseo todo lo mejor,

Jim Rickards

Dejar una opinión