Llegó la recesión… Y esto es lo que debe hacer…

publicado en: Jim Rickards | 0

El parate de la economía mundial ha llegado mucho más rápido de lo previsto. Estábamos preparados para esto, pero entiendo que los tiempos se aceleraron más de la cuenta. Hoy una chance de sacar provecho de la nueva coyuntura.

A la hora de describir la dinámica en las guerras de divisas, constantemente empleo metáforas como “tira y afloja”  o “subibaja”, lo que sirve para hacer énfasis en que este tipo de batalla no es unidireccional. Las paridades de los tipos de cambio van y vienen una y otra vez.

La guerra de divisas que tuvo lugar entre 1921 y 1936 es un buen ejemplo de ello. En 1921, los alemanes destruyeron su moneda con la conocida hiperinflación de la República de Weimar.

En 1925, Francia y Bélgica devaluaron, lo que impulsó a la libra esterlina y al dólar estadounidense.

En 1931, el Reino Unido contraatacó devaluando la libra, inyectando presión a Francia y a los Estados Unidos con la medida.

Luego, en 1933, la nación norteamericana depreció el dólar, infligiendo presión sobre el Reino Unido y más aún, sobre Francia.

Finalmente, en 1936, estas dos últimas naciones devaluaron nuevamente, golpeando así a la divisa estadounidense otra vez.

De esa manera, tuvo lugar la infame secuencia de devaluaciones con el objeto de “empobrecer al vecino”.

También, puede citarse la historia de la guerra de divisas de hoy. Entre 2008 y 2010, presenciamos el debilitamiento del yuan de China y el fortalecimiento del dólar.

Posteriormente, en 2011 los Estados Unidos se las ingenió para debilitar su moneda débil. Para agosto de ese año, el indicador de la Fed que monitorea el comportamiento del dólar, cayó a mínimos históricos.

En paralelo, el oro superó sus máximos – esto no fue una coincidencia.

Después, el yen de Japón se depreció cuando Shinzo Abe inició el programa de medidas económicas conocido como Abenomics, en diciembre de 2012.

A mediados de 2014 llegó la hora de abaratar el euro, que experimentó una caída de US$ 1,30 a US$ 1,05 en enero de 2015. Como resultado de esa tendencia, el dólar alcanzó su valor máximo en 10 años, a mitad de este año.

Ante el escenario, la Fed comenzó a dudar sobre la suba de tasas de interés, lo que provocó el descenso del dólar.

Lo importante de toda esta historia es hacer notar el ir y venir constante. El dólar ganó mucho terreno entre 1921 y 1933. Luego, desde 1933 a 1936 retrocedió considerablemente para fortalecerse nuevamente al año siguiente.

La moneda estadounidense avanzó fuerte en 2010, retrocedió en 2011 y se revalorizó en 2015. El mismo análisis aplica al resto de las principales divisas internacionales.

Así es como funciona la dinámica de las guerras de divisas.

La clave para invertir en medio de ellas es enfocarse en la tendencia subyacente y ser habilidoso.

Cumplir con ello es el objetivo de nuestro sistema IMPACT.

Nunca nos encadenamos a ninguna alternativa en particular. Prestamos atención a las señales que nos indican que algún giro inesperado está por venir y en función de ello, adaptamos nuestras recomendaciones de inversión.

Esta ocasión parece propicia para ello.

En los últimos 8 años, gran parte de la naturaleza de ir y venir en las tasas de cambio, estuvo vinculada a la manipulación de los bancos centrales.

La impresión de dinero llevada a cabo por la Reserva Federal, en el marco de su programa de relajación cuantitativa fue el motivo del debilitamiento el dólar en 2011.

El Banco de Japón tuvo como objetivo depreciar el yen en 2013, a partir de sus políticas de emisión monetaria y la llamada “flexibilización cualitativa” (que consistió en emplear el dinero impreso para comprar activos más allá de los bonos soberanos, como acciones y deuda corporativa).

El Banco Central Europeo implementó tasas de interés negativas y medidas de QE (Quantitative Easing) en 2014, para dar lugar a la baja del euro.

El Banco Popular de China se ha apoyado en una batería de medidas, que va desde el recorte de las tasas de interés, la reducción de las reservas monetarias e intervenciones directas para abaratar el yuan en lo que va de año.

Es importante prestar atención a los movimientos de los bancos centrales.

No obstante, a través del sistema IMPACT estamos monitoreando señales de una fuente aún más trascendental que los bancos centrales. Se trata del fantasma de la recesión global.

Una cosa es que los bancos centrales mantengan una guerra de divisas en un escenario de expansión mundial, puesto que el juego consiste en robarles crecimiento a los socios comerciales.

Pero cuando el ritmo de crecimiento es lento, una jugada de devaluación puede tener un impacto muy negativo sobre los actores más cercanos.

¿Qué sucede en este último caso?

Surge una recesión. En un ambiente con las características descritas, las guerras de divisas son mucho más agresivas y la secuencia de la dinámica se rompe.

Desde 1980, el crecimiento económico promedio de los Estados Unidos (un excelente período de expansión) ha sido de 77 meses.  A la fecha, la nación norteamericana acumula 76 meses en terreno positivo, desde que culminó la última recesión en junio de 2009.

Ciertamente, se trata de una expansión modesta, pero no deja de ser crecimiento.

¿Esto significa que la economía estadounidense entrará en recesión el próximo mes?

No necesariamente. Sin embargo, nadie debería sorprenderse si esto sucede. El índice de creación de empleo mensual se estancó en noviembre del año pasado y ha ido descendiendo desde entonces.

La desinflación y la deflación tienen totalmente cercado al indicador inflacionario. Muchas métricas relacionadas con la producción y compras a nivel industrial están arrojando números rojos.  La postura firma de la Fed con respecto a la suba de las tasas de interés no ha ayudado en lo absoluto.

El panorama de China es incluso más sombrío. El Gigante Asiático técnicamente no se encuentra en una etapa recesiva, en vista de que venía acumulando tasas de crecimiento muy altas. Aún así, una desaceleración económica del país tiene el mismo impacto que una recesión sobre el resto del mundo, debido a su peso sobre la expansión mundial.

China ocupa más del 10% del PBI global. Si el crecimiento económico de la nación se reduce un tercio (y eso es lo que está sucediendo aparentemente), esto restaría un 3,3% al PBI global (10% x 33% = 3.3%).

Según el FMI, la expansión mundial sólo alcanzará un 3,1% en 2016.

Si la segunda economía más grande del mundo se desacelera en la medida esperada, el crecimiento mundial se frenará abruptamente.

Esto, traería como consecuencia que el mundo entero entre en una recesión desde el punto de vista técnico (a pesar de que algunos países acumulen una expansión individual positiva).

Hace poco regresé de un viaje por Sudáfrica y el Medio Oriente. Durante mi vista tuve la oportunidad de conversar con importantes inversores institucionales y gestores de políticas públicas en ambos lugares. De mis charlas con ellos, pude identificar las áreas productivas que están quedando atrapadas en medio de la guerra de divisas.

Las historias que escuché son muy desalentadoras. Las exportaciones de materias primas de África hacia China están colapsando. Las reservas denominadas en dólares del Medio Oriente se están agotando, debido a la caída en los precios del petróleo y los déficits fiscales que esta situación ha traído consigo.

Lo que pasa en China, no se queda ahí. Se esparce por todo el mundo.

Gráfico 1: China se está desacelerando  y está arrastrando al resto del mundo

Excluyendo los años 2008 y 2009 de la crisis financiera, el crecimiento actual de China es el más débil de los últimos 10 años. Las cifras citadas son de carácter oficial; muchos analistas estiman que la expansión real es menor a la que muestran estos valores. El Gigante Asiático representa el 10% del PBI mundial. Si la nación se desacelera un tercio, esto le restaría un 3,3% de avance al PBI global, lo que traería como consecuencia una recesión desde el punto de vista técnico para el resto del mundo. Fuente: Quartz

¿Qué harán los bancos centrales para combatir la recesión cuando agoten todos sus recursos en medio de la guerra de divisas?

Las tasas de interés en los Estados Unidos se encuentran en cero. Lo mismo sucede en el caso de Japón. En lo que a Europa se refiere, éstas se encuentran en negativo.

Los bancos centrales vinculados a estos territorios han impreso billones de dólares denominados en sus monedas locales, en el marco de diversos programas de relajación cuantitativa.

Esto actores han llegado a un punto tan complejo, que no pueden seguir imprimiendo dinero sin correr el riesgo de generar reacciones políticas o provocar la pérdida de confianza en sus monedas.

Esto quiere decir, que la recesión no puede ser combatida. La misma seguirá su curso libremente durante el próximo año.

Todos los sectores de la economía se verán afectados, algunos más que otros. El rubro de servicios podría sobrellevar la situación de cierta manera. El segmento manufacturero y de bienes transables se llevaría la peor parte.

Una de las señales identificadas en este sentido por IMPACT es la ralentización del comercio mundial. Los inversores tienden a enfocarse en los déficits comerciales y los excedentes pero tras esas cifras, se esconde el hecho de que la actividad comercial global se está reduciendo.

Es posible acumular niveles mínimos de déficit comercial y aún así contar con una dinámica de exportaciones e importaciones en desaceleración.

Un bajo déficit parece una buena noticia pero una reducción con respecto al comercio exterior en sí es un problema, ya que significa que desde el punto de vista comercial la economía mundial se está achicando: un signo claro de recesión.

Cuando la actividad comercial se debilita, el sector de transporte y logística sufre en gran magnitud. Existen muchas acciones del rubro disponibles en el mercado, pero nuestro analista, Dan Amoss, ha identificado un ETF que engloba a los jugadores más destacados del segmento, como FedEx, UPS, Norfolk Southern y muchos otros.

Esta alternativa es una manera segura de actuar frente a una posible recesión, porque abarca la fragilidad generalizada del sector, sin incurrir en idiosincrasias que sugieren apuestas en acciones individuales.

Si le interesa saber cuál es la estrategia a llevar a cabo, lo invito a hacer clic acá.

Un saludo cordial,

Jim Rickards

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