Cómo provocar inflación en 15 minutos

publicado en: Jim Rickards | 0

Uno de los enigmas de la política monetaria que se ha implementado en los últimos ocho años es el fracaso de la Fed de poder causar la inflación. A continuación analizamos la razón por la que no se ha dado.

Lo que se conoce como “impresión de dinero” se percibe como un camino seguro hacia la inflación. La Fed ha impreso casi 4 billones de dólares desde 2008. Sin embargo, la inflación (al menos según las estadísticas oficiales) es apenas perceptible. Con tanto dinero rondando, ¿dónde está la inflación?

Este enigma tiene varias respuestas. La primera es que la Reserva Federal ha estado imprimiendo dinero pero son pocos los que lo han estado prestando o gastando. Los bancos no quieren otorgar préstamos y los consumidores no quieren pedir prestado.

De hecho, todo el sector privado ha estado desendeudándose -vendiendo activos y pagando sus deudas- incluso en medio del aumento de la deuda pública. La rapidez con la que los consumidores gastan dinero (técnicamente llamado velocidad de la moneda) se hunde precipitadamente.

Esta divergencia entre la impresión de dinero y el uso del mismo se puede ver claramente en los dos gráficos siguientes.

En el gráfico 1 se muestra el aumento de la base monetaria de la Reserva Federal desde 1996. A partir de esa fecha y hasta 2008, la base aumentó a un ritmo constante, tal y como lo habían recomendado Milton Friedman y otros monetaristas desde los años 1970.

Luego, a partir de 2008, la oferta de dinero se aceleró fuertemente, con tres programas seguidos de flexibilización cuantitativa (QE) o impresión de dinero.

Grafico 1

El gráfico 2 muestra la disminución de la velocidad en el mismo período de tiempo. En efecto, el dinero que se imprimió desde 2008 hasta 2015 fue anulado por la disminución de la velocidad en el mismo lapso. El resultado fue prácticamente inflación cero.

Grafico 2

La base monetaria (que se muestra en el gráfico 1) se ha incrementado desde los 800.000 millones de dólares en 2008 hasta los más de 4 billones de dólares en la actualidad. Sin embargo, la circulación monetaria (que se muestra en el gráfico 2) se derrumbó por completo en ese mismo tiempo.

Una política de aumentar la oferta monetaria por sí sola no causa la inflación. El dinero debe ser prestado y gastado. La ausencia de préstamos y gastos (que se muestra como una disminución de la velocidad) es una de las razones por las que la desinflación y la deflación han sido más preponderantes que la inflación.

La segunda razón de la ausencia de inflación es que el mundo se enfrenta a poderosos vientos de frente deflacionarios, principalmente la demografía y la tecnología. La tasa de aumento de la población mundial alcanzó su punto máximo en 1995, mientras que hoy las poblaciones en Japón, Rusia y Europa están en declive. También están estancadas en otros lugares aparte de África y el Medio Oriente.

Menos gente significa una menor demanda agregada de bienes y servicios. Por otra parte, los avances de la tecnología y la eficiencia del análisis predictivo han bajado el costo de todo, desde los inventarios hasta el transporte. Esta combinación de una menor demanda y mayores resultados de eficiencia trae como consecuencia precios más bajos.

La última razón es la globalización. La capacidad que tienen las corporaciones globales para instalar fábricas y obtener recursos en cualquier parte del mundo ha ampliado el pool de mano de obra disponible.

Las cadenas de suministro globales y la logística avanzada crean productos como ser teléfonos inteligentes que tienen tecnología de Estados Unidos, pantallas alemanas, semiconductores coreanos y un ensamblado chino. Los teléfonos se venden desde la India hasta Islandia y más. Sin embargo, a muchos de los trabajadores se les paga poco por su menor valor añadido en estas cadenas de suministro globales.

Estas tendencias deflacionarias crean un problema más grave para la política monetaria de la Fed. Los gobiernos necesitan causar la inflación con el fin de reducir el valor real de la deuda pública. La inflación también incrementa los ingresos nominales (no reales). Estos incrementos nominales pueden estar sujetos a impuestos.

La deflación persistente aumentará el valor de la deuda y reducirá los ingresos fiscales de forma tal que un Gobierno podría ir a la quiebra. Los gobiernos son, por tanto, los campeones de la inflación y dependen de los bancos centrales para causarla.

En los últimos ocho años, la Fed ha intentado provocar la inflación de todas las maneras posibles. Bajaron las tasas, imprimieron dinero, se involucraron en la guerra de divisas, utilizaron las proyecciones de mayor estímulo monetario (con promesas de no elevar las tasas de interés en el futuro), implementaron la “Operación Twist” y utilizaron objetivos nominales del PBI. Todos estos métodos han fallado.

La Fed luego hizo un giro de 180 grados y comenzó las políticas de ajuste: arrancaron un plan de tapering o recompra de activos para poner un freno a la emisión de billetes, eliminaron las proyecciones de mayor estímulo monetario y amenazaron con elevar las tasas de interés desde 2013 hasta 2015. Estos movimientos hicieron que el dólar se fortaleciera y que se incrementaran las fuerzas deflacionarias aun cuando la Fed afirmaba que quería más inflación.

Este episodio de ajuste que lleva en proceso dos años es una prueba (aunque no es que se necesitara) de que la Fed no entiende las fuerzas deflacionarias dinámicas que ahora está enfrentando.

Yo estimo que la Fed pronto revertirá el curso y volverá a algún tipo de flexibilización, probablemente más proyecciones de mayor estímulo monetario y un dólar más barato. Si me equivoco y la Fed realmente hace subir las tasas de interés, la deflación se pondrá peor y emergerá una recesión mundial.

La peor pesadilla de un banco central es querer provocar la inflación y no poder lograrlo. Todas las estrategias de la Fed han fracasado. ¿Acaso tendrán un as más bajo la manga?

De hecho, sí. La Fed puede causar una inflación masiva en solo 15 minutos. Puede agendar una reunión, votar sobre una nueva política y anunciar al mundo que, a partir de ese momento el precio del oro será de 5.000 dólares la onza.

La Fed puede hacer que el nuevo precio se imponga por medio del oro del Tesoro que está en Fort Knox y el que tienen los principales comerciantes de oro de los principales bancos de Estados Unidos. Ellos llevarían a cabo “operaciones de mercado abierto” en oro y se volverán compradores si el precio alcanza los 4.950 dólares por onza o menos y vendedores si el precio alcanza los 5.050 dólares por onza o superior.

Luego imprimirán dinero cuando compren y disminuirán la oferta monetaria cuando vendan a través de los bancos. Este es precisamente el proceso que sigue la Fed en el mercado de bonos para implementar el QE. La Fed simplemente sustituiría el oro por bonos en sus transacciones. La Fed se enfocaría en el precio del oro en lugar de las tasas de interés.

Por supuesto, el precio de 5.000 dólares la onza no es para recompensar a los inversores de oro. El objetivo de esta movida es causar un aumento generalizado del nivel de precios. Un aumento en el precio del oro de 1.000 dólares a 5.000 dólares por onza es en realidad una devaluación del 80% del dólar cuando se mide en la cantidad de oro que un dólar puede comprar.

Esta devaluación del 80% del dólar frente al oro hará que todos los demás precios en dólares suban también. El petróleo estaría por los 400 dólares por barril, el combustible costaría 10 dólares por galón y así sucesivamente. Esto provocaría una inflación masiva en 15 minutos: es lo que se demora la junta en votar una nueva política monetaria.

¿Piensa que esto no es posible? Ya ocurrió en Estados Unidos en dos ocasiones en los últimos 80 años. Seguramente hay personas que recuerdan ambos episodios.

La primera vez fue en 1933 cuando el presidente Franklin Roosevelt ordenó un aumento en el precio del oro de 20,67 dólares por onza a 35,00 dólares por onza, un aumento de casi 75% en el precio del oro en dólares. Lo hizo para romper la deflación de la Gran Depresión y funcionó. La economía creció fuertemente desde 1934 hasta 1936.

La segunda vez fue en la década de 1970 cuando el presidente Richard Nixon puso fin al sistema del patrón oro. Nixon no quería causar una inflación, pero aun así ocurrió.

El oro pasó de costar 35 dólares la onza a 800 dólares la onza en menos de nueve años, un aumento del 2.200%. La inflación en dólares estadounidenses fue de más de 50% desde 1977 hasta 1981. El valor del dólar se redujo a la mitad en esos cinco años.

La historia muestra que el aumento del precio del oro en dólares es la forma más rápida de provocar una inflación general. Si los mercados no lo hacen, el gobierno tiene ese poder. Funciona cada vez que se implementa.

La historia también demuestra que el oro no solo incrementa su valor cuando hay inflación (1970), sino también cuando hay deflación (1930). Cuando la deflación se sale de control, como ocurrió en la década de 1930, y como puede volver a ocurrir, el gobierno elevará el precio del oro para romper esa dinámica de la deflación. Tienen que hacerlo, o de lo contrario la deflación llevará a la bancarrota al país.

¿Acaso la deflación se saldrá de control pronto? En realidad no. La deflación es una fuerza importante ahora, pero espero que con el tiempo la Fed obtenga la inflación que desea, tal vez a través de proyecciones de mayor estímulo monetario, guerras de divisas y tasas de interés negativas.

Cuando eso suceda, el oro va a subir.

Aun si la deflación toma la delantera, el oro también va a subir si la Fed decide elevar el precio del mismo para devaluar el dólar, una medida que se toma cuando todo lo demás falla.

Esto convierte al oro en la mejor herramienta de inversión para cualquier tipo de situación. El oro sube con alta inflación y con alta deflación. Muy pocos activos funcionan bien en esos dos casos. Dado que tanto la inflación como la deflación son posibilidades hoy en día, el oro debería tener cabida en todas las carteras de los inversores, como una protección contra esos extremos.

Saludos,

Jim Rickards,

Editor de Inteligencia Estratégica y Guerra de Divisas

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