Daño colateral en la guerra de divisas

publicado en: Jim Rickards | 0

Todas las guerras tienen como protagonistas a potencias mayores, potencias menores y a jugadores periféricos que se ven afectados por el accionar de las grandes potencias. Las guerras de divisas no son diferentes.

En 2010 comenzó una guerra de divisas que hoy se mantiene más vigente que nunca. Las grandes potencias son Estados Unidos, China, Japón y la Eurozona, y el progreso de la contienda se puede ver en los tipos de cambio entre las monedas emitidas por estos jugadores.

Hace 5 años, la historia pasaba por el yuan chino y su debilidad. En 2011, en cambio, la atención se focalizó en el flojo dólar estadounidense. En Japón, a finales de 2012, se llevó a cabo una política de yen débil con el Abenomics. Esa fue la historia del 2013. Para 2014, Europa necesitaba ayuda y vimos que el euro se debilitó sensiblemente desde mediados de ese año, hasta que comenzó el plan de relajamiento cuantitativo de Eurozona, decretado por el Banco Central Europeo a principios de 2015.

Ahora, en esta segunda parte de 2015, volvemos nuevamente a la historia de un yuan débil. Y así sigue la rueda. La guerra de divisas no tiene una conclusión lógica hasta que haya o una reforma sistémica o un colapso sistémico. En este momento no hay ningún esfuerzo serio para poner en marcha una reforma y el colapso sistémico sigue siendo una posibilidad.

Junto con estas grandes potencias viene una larga lista de menores jugadores que también participan en la guerra de divisas. Estos incluyen países desarrollados como el Reino Unido, Suiza, Australia, y Canadá que quedan atrapados en el fuego cruzado y tienen que ajustar sus políticas cambiarias y de tasas de interés con el fin de no quedar en desventaja por el accionar de las grandes potencias.

Suiza mantuvo la paridad con el euro hasta que parecía que tendrían que comprar cada euro impreso para poder mantenerla. Por lo tanto, terminaron con ese vínculo a principios de este año y el franco suizo se elevó rápidamente. Ahora esa nación se está ahogando en la deflación y tienen tasas de interés profundamente negativas.

La vía más adecuada para Suiza sería imprimir francos y comprar oro hasta llegar a un nivel objetivo para su divisa. De esa manera podrían abaratar la moneda y mantener el oro. No espere que hagan eso.

Suiza pasó los últimos 10 años vendiendo miles de toneladas de oro para suprimir su precio. Si hubiera dado la vuelta y hubiera vuelto a comprar oro, el banco central habría sido ridiculizado. Aún así, es el camino más razonable dadas las circunstancias.

Australia y Canadá han estado ocupados recortando tasas y abaratando sus respectivos dólares. Sin embargo, eso no hará nada para ayudar a estimular sus economías, y por el contrario, sólo va a producir inflación; lo que comenzó a notarse con la aparición de burbujas de activos en el sector inmobiliario. Por lo tanto, la inflación de los precios al consumidor no está muy lejos.

Esto nos lleva a los jugadores periféricos, los mercados emergentes y las pequeñas economías desarrolladas. Este grupo incluye a importantes países como Corea, Indonesia, Malasia, Turquía, Sudáfrica y otros. Estos países son importantes por lo que producen, pero no son particularmente grandes si los comparamos con China, Estados Unidos y Japón.

Sus monedas no son ampliamente utilizadas en el comercio y no se consideran monedas de reserva por parte del FMI. Tienen bancos centrales independientes y pueden seguir sus propias políticas de tasas de interés y tipos de cambio. Sin embargo, su tendencia es a ser reactivos a lo que está pasando en Estados Unidos y China. Estos países son el daño colateral que genera la guerra de divisas.

Corea es un ejemplo de ello. Económicamente hablando es un éxito. Es uno de los nueve países en el mundo (de 167 rastreados por el FMI), y uno de los dos en Asia (el otro es Taiwán) que han escapado de la “trampa de ingresos medios”, y lograron un estatus de economía desarrollada.

Lo ha hecho con una alta tasa de ahorro, un buen sistema de educación, y un enfoque en las exportaciones de alto valor agregado en microchips y telecomunicaciones.

Cuando los compradores extranjeros miran posibles exportaciones de Corea, Taiwán o Japón, el fuerte won coreano hace que sus productos sean menos atractivos. Los autos japoneses son más baratos que los coreanos para un comprador en Australia, por lo que Japón gana la venta y Corea no.

Del mismo modo, los compradores chinos que pagan en yuanes lo pensarán dos veces antes de comprarle algo a Corea cuando su fuerte divisa hace que el precio sea mucho más alto para el consumidor chino.

El problema de la fortaleza de una moneda se aplica no solo a las exportaciones tangibles, sino también a los servicios y al turismo. El reciente crecimiento en China ha traído un auge entre los turistas de clase media de ese país que desean ver el mundo.

A pesar de las afinidades geográficas y culturales entre Corea y China, los turistas evitan viajar a destinos como Filipinas y Vietnam, ya que la fuerte moneda coreana hace que sea demasiado caro en relación con las alternativas.

Oí claramente estas quejas cuando estuve en Corea en mayo de este año con Ben Bernanke. Fuimos oradores en una conferencia sobre la guerra de divisas, patrocinada por la editorial financiera líder en Corea, Dong-A.

Entre los presentes había funcionarios del banco central coreano, la Bolsa de Seúl, reguladores de securities y funcionarios del Ministerio de Hacienda. Todos querían consejos sobre qué hacer con respecto al fuerte won.

Lo que conseguí cuando estuve en Corea fue ese tipo de información de primera mano que es tan valiosa para nuestro Sistema de análisis IMPACT. Empezamos con un buen modelo de fuerzas dinámicas en juego en la guerra de divisas, y luego actualizamos continuamente el resultado del modelo basado en la nueva información. No hay mejor manera de obtener información valiosa que conocer en persona a los responsables de crear las políticas que están a cargo. Ésa fue la oportunidad que tuve en Corea.

Mientras Bernanke y yo estábamos allá, Corea sufría otro revés. Se informó que un paciente con Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), altamente fatal, había sido diagnosticado y había infectado a muchos miembros del personal del hospital antes de que se detectara.

La infección se extendió rápidamente y los fallecimientos aumentaron considerablemente a lo largo de junio y julio. El turismo proveniente de China, que ya estaba en baja, se detuvo casi por completo por el brote MERS.

Corea tomó medidas para abaratar el won la semana después de que Bernanke y yo nos fuimos. Pero ese progreso tentativo fue completamente revertido cuando China volvió a entrar en la guerra de divisas y rompió la paridad del yuan chino con el dólar estadounidense en un 6% en el transcurso de tres días (del 11 al 13 de agosto). Ahora las exportaciones coreanas a China están sufriendo de nuevo. Corea sufrirá aún más si Estados Unidos aplica una política de dólar barato como espero que lo haga en 2016.

Finalmente, Corea encontrará su camino, pero por ahora sus mercados todavía se están ajustando y tienen espacio para caer. Usando el resultado del Sistema IMPACT, hemos emitido una forma rentable de beneficiarse con esta agitación continua en Corea causada por la guerra de divisas que está en curso. En solo cinco días nuestros lectores ya han logrado un 29% de ganancias, y hay más por venir. Usted puede unirse a nuestras filas ahora mismo.

Saludos,

Jim Rickards,

para Inversor Global

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